España, un país de gran tradición en el consumo de pescado

El pescado y marisco tiene una importancia destacada en la dieta de los españoles, aunque su consumo haya disminuido consecutivamente durante los últimos cuatro años. Junto a Portugal y Lituania somos los países con mayor consumo de la Unión Europea y ocupamos en el 2011 la posición 32 en el ranking mundial,[1] con 25,9 kg de media por persona y año de consumo en los hogares en el año 2015, llegando está cifra a alcanzar los 28,4 kg por persona en 2005.[2]

Sólo hace falta darse una vuelta por nuestros mercados o pensar en algunas de nuestras recetas más tradicionales (bacalao al pil pil, marmitako, boquerones en vinagre o el pescaíto frito) para darse cuenta de la importancia del pescado en nuestra dieta. Una muestra de ello es el auge que durante los últimos años ha tenido la alta cocina en España y como prestigiosos cocineros se han especializado en la cocina de productos del mar. También, la entrada con éxito en el mercado español de nuevos productos basados en el pescado, como el Sushi.

El pescado fresco es el de mayor consumo doméstico, representando el 44,7% sobre el total consumido. Entre las especies que más se consumen en España destacamos: merluza, pescadilla, sardinas, boquerones y salmón, entre los pescados frescos y congelados, y atún entre las conservas de pescado. Del marisco (moluscos y crustáceos) destaca el consumo en fresco de mejillón y gambas y langostinos en el caso de congelados.[4]

España cuenta con casi 8.000 kilómetros de costa, lo que hace de él un país en el que la pesca y su industria asociada tiene una gran relevancia social y económica en muchas regiones, con zonas altamente dependientes como Costa da Morte en Galicia que tiene municipios donde más del 30% del empleo depende de esta actividad, y que nuestra dieta mantenga una estrecha relación con el mar. Aunque haya retrocedido escalones en el panorama mundial, España sigue siendo una potencia pesquera significativa e influyente, siendo junto a Dinamarca el país con mayores capturas de la Unión Europea y el 20º productor pesquero mundial, puesto que no refleja el papel relevante de las empresas pesqueras españolas con inversiones en países terceros. En el año 2013, al menos 1.479.722 t de productos de la pesca y de la acuicultura fueron importados en 2013 para abastecer la demanda interna. De ellas, 1.062.877 t procedieron de países extra-comunitario y aproximadamente el 38%,  [5] procedían de países en desarrollo. A estas cifras habría que añadir las capturas realizadas por los buques de pesca con bandera española en aguas comunitarias (incluidos los caladeros nacionales) y no comunitarias (tanto en terceros países como en aguas internacionales) que ascendieron, para el mismo periodo, a 1.012.434 t. Por su parte, los productos nacionales aportados por la acuicultura alcanzaron más de 220.000 t. [6] Estas cifras nos hacen darnos cuenta de la dependencia de nuestro mercado y consumo de los productos pesqueros procedentes de otros océanos y mares llegando a suponer el 71% de nuestro consumo, donde los recursos procedentes de países en desarrollo es una cantidad muy significativa.

Como uno de los mayores consumidores y comercializadores de pescado y marisco del mundo, España tiene una gran responsabilidad en la situación de las pesquerías, tanto en nuestras aguas como en el resto de mares y océanos, y en el bienestar de las poblaciones que viven de estos recursos. Bastante gente conoce del estado de nuestros océanos y mares y la sobreexplotación a la que están sometidas sus pesquerías. Menos personas son conscientes de los efectos que sus decisiones en la compra de productos del mar tienen en la conservación de los recursos marinos y muchas menos aún en sus impactos en las poblaciones de países en desarrollo. Sin ser conscientes, estamos encaminando, a través de nuestras decisiones de consumo, el futuro de la pesca; de la misma manera que lo hacen el restaurante, la industria enlatadora y el sector de la distribución con su política de compra. Algo semejante a lo que ocurre con las administraciones (locales, regionales y nacionales) con sus políticas de compras públicas. La creación de una mayor demanda, y diversidad, de productos sostenibles en nuestros restaurantes, pescaderías, supermercados y mercados locales, favorecerá un cambio positivo en la gestión de la pesca y la acuicultura, haciéndolas más respetuosas con la conservación de los recursos marinos y de los hábitats de los que dependen. De esta forma, se podrá seguir abasteciendo suficiente pescado y marisco a la población mundial y asegurar los modos de vida de millones de personas en nuestras regiones pesqueras y en los países en desarrollo.

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[1] Estadísticas de Pesca y Acuicultura de la FAO (FIPS) http://www.fao.org/fishery/statistics/global-consumption

[2] Panel de Consumo Alimentario en España. http://www.magrama.gob.es/es/alimentacion/temas/consumo-y-comercializacion-y-distribucion-alimentaria/panel-de-consumo-alimentario

[3] El estado mundial de la pesca y la acuicultura. 2014. FAO http://www.fao.org/3/a-i3720s.pdf

[4] Informe estadísticas pesqueras Abril 2015 http://www.magrama.gob.es/es/estadistica/temas/estadisticas-pesqueras

[5] Calculado realizado tomando como referencia el listado de países en desarrollo publicado por OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos).

[6] Informe estadísticas pesqueras Abril 2015 http://www.magrama.gob.es/es/estadistica/temas/estadisticas-pesqueras/

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